LA SANGRE DE LOS SENECA
LA SANGRE DE LOS SENECA
En las villas del Palatino, el apellido Seneca no es un nombre, es una cadena de oro que asfixia. Livia lo aprendió desde pequeña, cuando las risas en los jardines se apagaban al entrar su tío, Lucius. Para Lucius, la familia no era un conjunto de seres humanos, sino una reserva de poder que se diluía con cada generación que se mezclaba con "sangre común". El patriarca observaba con obsesión cómo las mujeres en su linaje escaseaban, y en su mente retorcida, la solución no era la libertad, sino la endogamia.
Livia recordaba el asco que sentía cada vez que Lucius la miraba, no como a una sobrina, sino como a una pieza de mármol que debía permanecer dentro del templo. El plan de su tío era simple y atroz: casarse con ella para establecer el inicio de los matrimonios entre la familia, asegurando que la sangre Seneca no perdiera su pureza ante el mundo.
Su única tregua fue su primo Marco. Mientras los demás hombres Seneca crecían pedantes y arrogantes, ebrios de su propia importancia, Marco compartía con ella una simpatía silenciosa. Él era el único que no la veía como una "joya caprichosa". Livia explotaba su posición de ser una de las pocas mujeres de la familia para ser insoportable, para gritar y romper protocolos, una máscara de rebeldía que usaba para que Lucius la encontrara menos "apetecible".
Pero el miedo fue más fuerte que el capricho. El día que huyó, Livia no solo dejó atrás el lujo; dejó atrás la mirada de su tío y la sombra de su hermano, Lucio, que siempre fue el perro fiel de los deseos de Lucius. Marco fue quien le abrió la puerta trasera del palacio, quien le entregó el mapa y quien le prometió que, si algún día la encontraba el Imperio, él mismo se interpondría.
Ahora, en la aldea, Livia acaricia la madera de su puerta. Sabe que su secreto es un incendio. Sabe que Lucius no busca a una sobrina perdida, sino un recurso robado. Y sabe que su primo Marco, el único Seneca que amó, es el único que podría entender por qué prefirió el frío de la montaña al lecho de su propio tío.
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