CAPITULO 3: Marco Seneca y Crixo
Capítulo 3: Marco Seneca y Crixo La noche no era segura. Los campesinos, agradecidos por la ayuda de Matthias y los Noiresang, insistieron en que se quedaran con ellos, pero Sabine se mantuvo firme en su decisión. -No podemos quedarnos. Si los romanos regresan con refuerzos o, peor aún, con un alquimista de los Seneca, nos atraparán. -Su voz era serena, pero sus ojos reflejaban preocupación. Antes de partir, los aldeanos compartieron lo poco que tenían: pan duro, un poco de queso y agua. Fue un gesto humilde, pero significativo. -Gracias por todo -dijo Matthias, tomando una hogaza de pan. -Cuídense, muchachos. Roma no tiene piedad. -El anciano que les entregó los víveres les dedicó una última mirada antes de perderse en la penumbra. Sabine lideró la marcha. -Si seguimos este camino, evitaremos el cruce principal, pero Roma ha llenado la cordillera de los Apeninos con edificaciones. No hay forma de evitar su presencia por completo. Debemos movernos con cautela. -Advirtió mientras ...