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Mostrando las entradas de abril, 2026

CAPITULO 6, EL PESO DE LA SANGRE

CAPITULO 6: EL PESO DE LA SANGRE PARTE 1: El aire bajo el anfiteatro era espeso. Saturado de un olor a hierro, sudor antiguo y desesperación. Los guardias empujaron a Trajano Drago con la punta de sus lanzas. Lo obligaron a entrar en una celda de piedra húmeda. El chirrido de la puerta metálica al cerrarse fue como el de una mandíbula de hierro atrapando a su presa. Dentro, la penumbra estaba habitada por sombras que se movían. Guerreros de todas las naciones capturadas por el Imperio -galos, tracios, germánicos- lo observaban desde los rincones. -Otro cordero para el matadero -masculló un hombre gigante en la esquina-. ¿Por qué te envían aquí, romano? Trajano se sacudió el polvo de su túnica rota. Se apoyó contra la pared con una calma que desentonaba con el lugar. Los demás prisioneros hablaban con odio, jurando que un día las calles de Roma arderían bajo su rebelión. Trajano solo escuchaba, con una media sonrisa en el rostro. -Yo no busco tronos ni incendios -respondió Trajano. Su ...

EL PRECIO DEL ORO

EL PRECIO DEL ORO El Gran Anfiteatro de Roma no olvida el olor de la sangre derramada en el Año 298 . Para Aurelio Cassian , ese olor era el precio de la vida de su madre. Él no era un Seneca pedante; era un cazador humilde, amigo de Trajano, un hombre de buen corazón que solo quería salvar a la mujer que le dio la vida. Entrenó durante años, sin descanso, con la promesa imperial de que el ganador del Gran Torneo recibiría el oro suficiente para sanar cualquier mal. El primer día, la arena fue un caos. Una batalla campal entre diez de los mejores cazadores jóvenes. Aurelio peleó con desesperación, ciego por la meta. Su acero cortó y estocó, y cuando el silencio regresó a la arena, él era el único que quedaba en pie. Asustado por la bajeza de sus propios actos, se acercó a los cuerpos y, uno a uno, les quitó los cascos. El grito de Aurelio fue ahogado por el rugido de la multitud, que disfrutaba de un espectáculo que él solo sentía como una condena. Eran todos sus amigos. Los hombres c...

LA SANGRE DE LOS SENECA

 LA SANGRE DE LOS SENECA En las villas del Palatino, el apellido Seneca no es un nombre, es una cadena de oro que asfixia. Livia lo aprendió desde pequeña, cuando las risas en los jardines se apagaban al entrar su tío, Lucius . Para Lucius, la familia no era un conjunto de seres humanos, sino una reserva de poder que se diluía con cada generación que se mezclaba con "sangre común". El patriarca observaba con obsesión cómo las mujeres en su linaje escaseaban, y en su mente retorcida, la solución no era la libertad, sino la endogamia. Livia recordaba el asco que sentía cada vez que Lucius la miraba, no como a una sobrina, sino como a una pieza de mármol que debía permanecer dentro del templo. El plan de su tío era simple y atroz: casarse con ella para establecer el inicio de los matrimonios entre la familia, asegurando que la sangre Seneca no perdiera su pureza ante el mundo. Su única tregua fue su primo Marco . Mientras los demás hombres Seneca crecían pedantes y arrogantes, e...

CAPITULO 5: LOS NUEVOS GRISES

CAPITULO 5: LOS NUEVOS GRISES El silencio en el cuartel era denso, cargado del olor a ozono y sangre. Crixo, arrodillado y sujetándose el abdomen, rugió con una furia animal mientras intentaba abalanzarse sobre Matthias. Pero antes de que el primer músculo de su pierna se tensara, Marcelin Berthelot golpeó el suelo con su bastón de madera nudosa. Un crujido sordo recorrió la piedra y, de las grietas bajo los pies del gigante, brotaron raíces gruesas y oscuras que se enroscaron con una fuerza sobrenatural alrededor de sus extremidades, anclándolo al suelo. Crixo forcejeó, pero cada movimiento hacía que las raíces se apretaran más, como si la misma tierra estuviera reclamándolo. Marco Seneca observó la escena con asombro, desactivando su sello de desmaterialización. Marcelin avanzó un paso, quedando frente al joven alquimista. -Tu técnica es precisa, Marco… -dijo el anciano, su voz era como el susurro del viento en un desfiladero-, pero está vacía. Marco frunció el ceño. -Cumple su funci...

MARCELIN BERTHELOT, EL ULTIMO SABIO

MARCELIN BERTHELOT, EL ULTIMO SABIO ​Si estas palabras han llegado a tus manos, significa que mi carne ha dejado de ser sostenida por la alquimia de los elementos. Soy Marcelin Berthelot, el hombre que la historia de Roma intentó borrar. No soy una sombra del pasado; soy el último de los sabios que no vendió su alma al brillo del acero imperial. ​Muchos creen que la guerra comenzó con una espada. Se equivocan. Comenzó con la sordera de los hombres poderosos. ​Recuerdo aquel cielo de estrellas líquidas cuando Cinereus descendió en el Año 0. Estábamos allí los cuatro sabios, rodeados por los generales del Imperio y los hijos de los nobles. Cuando el Gran Gris reveló que el poder residía en los corazones de los Draco Duces, el silencio de los soldados me aterró. En sus ojos no vi sabiduría, vi conquista. ​Mi buen amigo Gustave Noiresang, un hombre de paz cuya única falta fue buscar la verdad, intentó calmar los ánimos, pero el veneno de la ambición ya corría por la asamblea. Cinereus, al ...